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Una década de tipos bajos: Grandes burbujas y pérdidas para Bolsa y el ahorro
La expansión de crédito propiciada por los bancos centrales durante la última década provocó no sólo una perniciosa burbuja inmobiliaria, sino también un castigo a la rentabilidad de los instrumentos de ahorro más seguros. Incluso, tras atacar la rentabilidad de los depósitos y los fondos monetarios, las pérdidas alcanzaron a los activos de mayor riesgo. La pretensión de los gobernantes de estimular el crédito ha supuesto un golpe mortal a la bolsa, la deuda, e incluso a la vivienda.
Tras el pinchazo de la burbuja tecnológica, la Fed estadounidense decidió estimular la inversión reduciendo los tipos de interés oficiales. La intención, alentada por economistas como Krugman, era combatir la recesión creando “una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja del Nasdaq”. Precisamente, el principal responsable del dinero barato, el anterior presidente de la Fed, Alan Greenspan, comparecerá hoy ante una comisión que investiga la crisis financiera. Tanto Greenspan como su sucesor Ben Bernanke, llevaron los tipos oficiales a unas cotas inusitadamente bajas. Aunque en la década anterior no estuvieron muy bajos -la Fed los mantuvo casi siempre ligeramente por debajo del 6%, aunque en 1990 llegaron a estar al 8%- entre 1970 y 1990 se movieron por encima del 6%, llegando incluso a rozar el 20% a principios de los 80.
Tras la Fed, llegarían las rebajas del BCE. El dinero barato fluyó en EE.UU y Europa –y particularmente en España- hacia unas malas inversiones que no se habrían producido sin unos tipos artificialmente bajos.
Sobre todo, las inversiones se dirigieron hacia el activo que más revalorización estaba acaparando: la vivienda. Pero la edad de oro del ladrillo tocó a su fin entre 2007 y 2008. El comienzo de la caída de los precios inmobiliarios y la subida de tipos –que llegaron al 5,25% en junio de 2006 en EEUU- para atajar la inflación, provocaron los primeros impagos en las hipotecas subprime. El resto es historia es conocida.
La nueva bajada de tipos a partir de 2006 no ha logrado revertir el panorama de contracción económica. El precio del dinero se encuentra al nivel más bajo de toda su historia, pero no ha servido para impulsar la rentabilidad de ningún activo de ahorro e inversión. Lo más preocupante es el bajo rendimiento de las inversiones más seguras. El ahorrador conservador, que busca seguridad por encima de las altas rentabilidades, ha perdido dinero en la última década.
Los depósitos a plazo apenas han ofrecido altas remuneraciones, aunque la falta de liquidez desató una guerra del pasivo que, en 2008, obligó a bancos y cajas de ahorro a subir el interés de sus depósitos, que alcanzó el 4,39% de media, según los datos del Banco de España. Los tipos ligeramente más elevados de años anteriores tampoco estimularon una mejor remuneración a los depósitos: en 2006 era del 2,06%, en 2007 del 2,73% y en 2007 del 3,73%. Tras el subidón de 2008, al año siguiente cayó hasta el 2,49%. Unas cifras que, en el mejor de los casos, apenas batían la inflación.
Fondos monetarios, una década perdida
Los fondos monetarios, el activo más seguro de inversión junto con los depósitos, están viviendo uno de los momentos más bajos de toda su historia. Estos fondos eran un producto estrella que captaba hace 15 años más del 50% del patrimonio del total de fondos, frente al 8% que consiguen ahora. Castigado por los tipos bajos de interés, actualmente ofrecen rendimientos inferiores al 1% anual. La rentabilidad anualizada en los últimos diez años es del 2,08%, según los datos de Inverco, una cifra que se sitúa por debajo del 2,83% de la inflación.
En los últimos cinco años, en plena caída de tipos, las cifras son aún peores. Pese a que la economía española sufrió una tasa de inflación anualizada inferior (2,43%), los monetarios no consiguen superarla al rentar el 1,88% anual. Estos resultados contrastan con los de la década anterior. Pese a que los tipos no eran muy elevados respecto a la media histórica, el rendimiento de los monetarios alcanzó el 6,11% anual. La rentabilidad superaba una inflación que era por entonces del 3,59% anualizada.
Tampoco ha sido un buen negocio la renta fija a un plazo mayor. La renta fija a corto consigue una rentabilidad anualizada del 2,19% en los últimos diez años. La renta fija a largo rinde el 2,87%, superando por apenas cuatro centésimas la inflación.
Sólo la renta variable emergente se salva de la quema
El exiguo rendimiento de la renta fija se da por descontado en un escenario de tipos bajos. Lo que no se podía prever era la deficiente evolución de la renta variable. Tras la debacle de las punto.com, el dinero fresco inyectado por la Fed y el BCE afluyó a la bolsa, que vivió una revalorización de casi el 100% entre 2003 y los máximos de octubre de 2007 en el caso del Dow Jones. La bolsa española tuvo un comportamiento aún mayor ya que casi triplicó su valor en ese periodo.
El batacazo de la actual crisis se hizo sentir con caídas cercanas al 60% hasta los mínimos de marzo del pasado año. El crash del sector inmobiliario y de las financieras acabó contagiando a todos los valores. Pese a la recuperación experimentada desde entonces, el balance de la década es pésimo. El rendimiento de los fondos de renta variable es negativo en los últimos diez años: los fondos de bolsa europea pierden el 4,9% anualizado, los de EE.UU el 6,9% y los de Japón el 10%. A esta pérdida hay que añadir el 2,83% que se come la inflación en España.
Únicamente la renta variable de los países emergentes consigue un rendimiento positivo en los últimos diez años. Una ganancia, del 4,3% anual, que además supera el IPC. Las bolsas emergentes superan la década de tipos bajos gracias sobre todo a las bolsas latinoamericanas, donde un fondo, Renta 4 Latinoamérica, consigue hasta un 9,4% de rentabilidad anualizada.
¿De la burbuja de vivienda a la deuda?
Otro activo ganador, pese a su prolongado declive actual, es la vivienda, el responsable de la última burbuja. La principal consecuencia de los tipos bajos fue el desvío de las inversiones hacia los bienes inmuebles, que vivieron un incremento de precios sin precedentes. En EEUU, el índice S&P/Case Shiller registró una subida en los precios de la vivienda del 93% desde el 2000 hasta los máximos de principios de 2006. Desde entonces, los precios se han reducido casi un 30%. Sin embargo, la vivienda sigue siendo un activo rentable en estos diez años, ya que su precio es un 38% mayor que en el año 2000.
España vive una situación similar, aunque los precios del ladrillo se han recortado mucho menos desde sus máximos. Según los datos de Tinsa, el precio medio de la vivienda llegó a subir casi un 150% desde 2000 hasta los máximos de 2007. Desde entonces, ha caído un 15%, aunque todavía duplica los precios de hace diez años.
Tras la burbuja inmobiliaria, el actual escenario de tipos bajos podría desembocar en una nueva burbuja en la deuda pública. Las altas emisiones de deuda gubernamental para combatir la crisis han sido adquiridas en su mayoría por el sector financiero. Las entidades han tomado prestado el dinero barato del BCE, cuyo tipo oficial está actualmente en el 1%, y han comprado una cantidad ingente de deuda pública para ganar la diferencia.
Sin embargo, las esperadas subidas de tipos podrían suponer una debacle en las carteras de deuda, ya que elevarían la rentabilidad de los bonos y, por tanto, bajarían su precio. La rentabilidad estaría también presionada por las necesidades de financiación de los Estados, que se ven obligados a acometer más emisiones para cubrir sus castigadas arcas.
La advertencia de una nueva burbuja no es nueva. El propio Blas Calzada, ex presidente de la CNMV, ya advirtió el pasado febrero de que “nunca había habido tanta deuda en el mercado” y que los tipos de interés tan bajos estaban originando una nueva burbuja.
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