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La confusa señal de las hipotecas

Por si aún hubiera dudas sobre la profundidad del agujero en que ha caído el sector inmobiliario español, un análisis reposado de los datos más recientes sobre hipotecas y compraventa de viviendas pone de relieve que ésta continúa siendo abisal, negando, de momento, el paso a cualquier destello de luz.

Es verdad que el número de hipotecas creció tímidamente en noviembre después de más de dos años cuesta abajo, con unas 52.000 operaciones formalizadas, pero si se araña bajo la superficie de esa cifra se descubre que cerca de la mitad fueron renegociaciones de préstamos ya existentes y no hipotecas nuevas destinadas a la compra de una casa.

Si a ello se añade que las transmisiones de viviendas (nuevas y usadas) durante ese mismo mes fueron muy inferiores a las hipotecas suscritas, resulta evidente que la actividad en el mercado residencial continúa bajo mínimos, ya sea por la falta de demanda y/o por las dificultades crediticias.

Los datos ofrecen también otras lecturas interesantes. Por ejemplo, que bajo el tropel de novaciones subyace una pugna en toda regla entre las entidades financieras para arrebatarse clientes sin perder los propios.

Una contienda en buena liz que tiene un claro beneficiario: los clientes hipotecados, que gracias al nuevo escenario están accediendo a la subrogación de sus préstamos en mejores condiciones, tanto en lo que se refiere a los tipos de interés aplicados como a los plazos de pago, consiguiendo que sus cuotas mensuales sean menores. Puede que eso no solucione sus problemas, pero sin duda los hará algo más llevaderos.

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