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La ‘trampa’ de la factura de la luz tiene una explicación

Nadie deja de comprar el pan ni de pagar la luz. Son bienes básicos e imprescindibles. Por este motivo, cualquier oscilación en sus precios afecta de manera directa a toda economía doméstica. Y así ha ocurrido durante el mes de febrero, cuando la compañía eléctrica de turno ha pasado a sus clientes el cargo de la factura correspondiente a diciembre-enero. Mientras la crisis empuja los precios de toda la cesta de la compra a la baja, el kilovatio se dispara vertiginosamente hacia arriba, para disgusto e incomprensión de los bolsillos. No hay ningún extraño fenómeno que justifique incrementos de hasta el 125% por factura, como ha pasado, cuando la subida de las tarifas de la luz aprobada por el Gobierno el verano pasado iba a dejar un margen de alza en la factura mensual de hasta un 8% de media. Aunque, al mismo tiempo, existen algunas razones que explican lo ocurrido, fundamentalmente una especie de vacío jurídico que ha permitido a las eléctricas, ajustándose al nuevo marco jurídico, extender jugosas facturas por consumos que antes no suponían ningún sobrepago. El origen está en la nueva periodicidad de la factura. Con la entrada en 2009 de las nuevas tarifas eléctricas, el pago pasa de bimestral a mensual. Además, ha entrado en funcionamiento una penalización por “consumo excedido” de potencia al mes, fijando el tope en 500 Kwh, de manera que todo aquel consumo al mes que exceda de esta cantidad quedará sujeto a este recargo, según se explica en el BOE 31/12/2008. Nada tendría que haber cambiado a peor para el bolsillo si el cobro de la factura mensual fuera real y no una estimación, dado que la lectura de los contadores es bimestral. Como antes, cada mes impar (enero, marzo, mayo…) un operario lee el consumo del contador para poder emitir la factura equivalente al gasto realizado. Sin embargo, desde el pasado diciembre, la factura de los meses pares (febrero, abril…) es estimada. Es decir, las eléctricas efectúan un cálculo de consumo para poder cobrar. Esa estimación, por defecto, es siempre a la baja, de modo que al mes siguiente, tras la lectura real del contador, se comprueba el gasto total y se incorpora al segundo mes el consumo sin incluir del primero. 

Hasta aquí, ninguna trampa. Pero llegó 2009. Con la primera lectura real, correspondiente a enero, y el ajuste realizado sobre la estimación de diciembre, el consumo mensual resultante fue, en muchas ocasiones, superior a los 500 KWH que permiten una penalización por consumo excesivo. Sin embargo, los usuarios afectados no habían incurrido realmente en ese consumo extraordinario. Además, se ha dado el agravante de que la factura estimada de diciembre, inferior al gasto real, mantenía aún las tarifas anteriores a la subida, mientras que la de enero ha computado con nuevos precios parte del gasto efectuado con el marco anterior.

 

Por esta operativa, la puesta en marcha de la factura mensual ha provocado que desde el mes de enero las organizaciones de consumidores hayan canalizado las quejas masivas de usuarios afectados por incrementos irregulares de sus facturas de la luz. La movilización ha sido tal que el pasado miércoles, el ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, anunció que el Gobierno está dispuesto a revisar el nuevo sistema de facturación eléctrica. ¿Vuelta al modelo bimestral? El ministro dio a entender que esa rectificación es segura si la Comisión Nacional de la Energía, que ha abierto un expediente, confirma las irregularidades.

 

En cualquier caso, el daño y las molestias ya han sido realizadas. Según las estimaciones realizadas por la organización de consumidores Facua, el sobrecargo apliacado al consumo del mes de diciembre de 2008 computado con las tarifas de enero de 2009 rondaría los 80 millones de euros. Sólo la reacción de los usuarios y las denuncias presentadas por los organismos de defensa han conseguido que las Administraciones públicas tomen cartas en el asunto. Ante la inexactitud para aplicar la legislación, los consumidores han pagado las consecuencias. En este caso, la factura, al contrario que el algodón, sí engaña.

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