Ago
1
«Prefiero un mal trabajo a un subsidio»
Resulta imposible relatar las emociones de los 4.645.000 parados que, según la EPA difundida ayer, pueblan las calles españolas. Pero sí pueden contrastarse las opiniones de algunos desempleados con las consignas de los sindicatos, los que en teoría representan a los últimos eslabones de la crisis económica.
En los casos consultados por EXPANSIÓN a las puertas del Inem, prevalece el deseo de obtener un empleo –por precario que sea– antes que las ayudas a las que sindicatos y Gobierno se niegan a renunciar.
Así es la historia de Ángel, un madrileño de 42 años que sólo lleva nueve meses sin ocupación, pero al que ya se le nota el gesto de cansancio que supone ir cada día a la oficina de empleo del barrio de la Concepción, en la capital española, para pescar ofertas. Tras trece años trabajando en publicidad, se acogió a una baja laboral de un año por enfermedad y, a la vuelta, en diciembre de 2009, se encontró con las puertas cerradas de la empresa por un severo recorte de personal.
Aunque manda continuamente currículos a empresas del ramo, admite que no son tiempos “para ponerse exquisito”, que prefiere “un mal trabajo a un subsidio” y que ve con buenos ojos una reforma del mercado laboral: “Por supuesto que todos queremos un contrato fijo con buenas garantías y derechos, pero la situación es la que es y no podemos vivir eternamente de las ayudas públicas”.
Seis meses más
El Consejo de Ministros aprobó ayer mismo la extensión de las ayudas de 426 euros –el famoso cheque-parado– por seis meses más a partir del 16 de agosto, un subsidio que ya había sido prorrogado el 12 de febrero por el mismo período de tiempo.
Esos 426 euros son los que han llevado a Rodrigo, de 28 años, a la ventanilla del Inem. Su edad le ubica en uno de los colectivos más golpeados por la crisis, y conoce los sinsabores de un drama que, para él, lleva alargándose dos años. Desde chaval se gana el pan haciendo “chapucillas” pero, como Ángel, se topó con un muro a la vuelta de una baja.
Confiesa desganado que no sigue demasiado las informaciones sobre reformas laborales, sindicatos y empresarios porque le parecen “todos iguales”. Pero está con Ángel al afirmar que es preferible un contrato temporal a no tener nada, ya que ve “muy difícil” obtener un contrato fijo y con garantías “con la que está cayendo”. Ya pierde la cuenta de los currículos y solicitudes que ha diseminado por la Red.
Su entorno está en las mismas: su hermano de 19 años, tras trabajar de camarero el pasado verano, volvió a conocer los días sin horario ni propinas, aunque estos meses probará fortuna otra vez en el sector. Su madre está jubilada. Por tanto, en sus manos está sacar adelante a su familia.
Más optimista se muestra Eduardo, un electricista peruano de 50 años que cuenta ya un año en paro. Cree que logrará un empleo porque sabe hacer “de todo un poquito”: trabajó varios años como chófer, cocinero y transportista de harina en su país natal. Está un poco de vuelta de todo porque “allá en América Latina los países están continuamente en crisis, aquí esa palabra da más miedo” y coincide con Ángel y Rodrigo en que “es mejor que haya empleo para todos, aunque sea de tres meses, y que luego se estabilice toda la situación”.
Si te ha gustado este artículo puedes completarlo dejando un comentario o bien puedes suscribirte al feed y recibir las entradas futuras en tu lector de feeds.





Comentarios
No hay comentarios todavía.
Deja tu comentario