Feb

14

Menorca, el paciente inglés del ladrillo

«De los treinta clientes que entraban a diario a nuestra inmobiliaria, hoy se ha reducido a dos o tres», afirma Tomás de Salort, gerente, junto a María de Salort, de una de las inmobiliarias con mayor tradición en Ciutadella.

Así, con un panorama marcadamente desolador y pleno de incertidumbre, abre este año el mercado inmobiliario en Menorca, la isla menos explotada del archipiélago balear, donde los agentes del sector buscan desde que estalló la crisis del ladrillo encontrar nuevas fuentes de compradores… sin éxito.

Uno de los factores que muestra esta situación es el alto número de viviendas en ‘stock’. «Para que Menorca absorba los pisos que tiene construidos tienen que pasar unos cinco años, aproximadamente», señala Mónica Pons dueña de la Inmobiliaria PonsMorales. Esta situación nace durante los años del ‘boom’ inmobiliario y es consecuencia del otorgamiento excesivo de licencias de construcción, al punto de duplicar o triplicar el número establecido según la cantidad de población.

Este es uno de los factores que ahora determina la caída de precios en pisos nuevos con una baja de hasta un 40%.

«A pesar que los precios se han reducido, el público medio ha desaparecido. Es decir, el cliente que podía pagar una vivienda que oscilaría entre los 220 a los 400 mil euros», afirma Mónica Pons. «Hay ofertas pero no compradores. La franja de precios que está funcionando son los que van por debajo de 220.000 euros y los que superan el millón, como las viviendas en primera línea de mar o las fincas rústicas. Pero a esta altura nadie discute que el número de compradores ha bajado», añade.

Estas últimas valorizaciones son muy elevadas debido fundamentalmente al Plan Territorial Insular que prohíbe la construcción de nuevas urbanizaciones en costa y en zonas rústicas.

Sin embargo, los chollos están a la orden del día. Se puede comprar una casa antigua, con terraza, huerto y zona ajardinada, ubicada en espacio rústico, por 330 mil euros, 150 mil menos que su precio de salida. O, un piso de 45 m2 en el paseo marítimo de Ciutadella a sólo 63.000 euros. Cifras impensables hace apenas un año.

No hay negocio sin turismo
Vivienda y turismo es un binomio que no puede entenderse por separado en el contexto menorquín, simplemente porque es la industria turística quien determina la economía isleña.

«Hace unos años había muchos ingleses viviendo aquí. Los británicos invertían y, aunque lo siguen haciendo, ya no es como antes. Esto es así porque el tipo de ‘turismo de calidad’ que puede invertir ya no viene, nos tenemos que conformar con el ‘todo incluido’, que no aporta nada a la isla», se lamenta María de Salort quien enfatiza sobre la necesidad de replantear el enfoque actual sobre qué se está ofreciendo al visitante.

En este contexto que distingue a Menorca de otras zonas españoles, no es extraño que se esté expectante de la recuperación económica de Gran Bretaña y sean muchos los agentes inmobiliarios que apelan al vínculo histórico entre la isla y ese país anglosajón.

El trueque de viviendas, una opción
En tiempo de crisis el ingenio se agudiza, de allí que el trueque inmobiliario se convierta, poco a poco, en una de las opciones reales para quienes necesitan comprar o vender en un mercado accesible para pocos.

«La permuta es una opción clara cuando conseguir un crédito hipotecario es casi imposible y el tiempo de vender una propiedad es muy largo», asegura Tomás de Salort, mientras señala: «Por ejemplo, tu tienes un piso y quieres comprar una casa rústica entonces buscamos casar la operación, es decir encontrar a otro de nuestros clientes cuyo interés coincida con los tuyos».

A partir de entonces, la diferencia de precio se ajusta. Un ajuste que, por otra parte, permite llegar a una cifra accesible que puede resolverse con un préstamo personal sin necesidad de una hipoteca. «El trueque de viviendas era frecuente hace muchos años, pero lo dejamos de hacer cuando el crédito se volvió algo fácil. Ahora es una buena opción que ayuda a mantener el mercado en movimiento», concluye María.

Mientras la industria inmobiliaria menorquina espera resurgir con ayuda del Reino Unido, habrá qué hacer algo más para asegurar a largo plazo un crecimiento económico sostenido, sobre todo si se tiene en cuenta que el modelo turístico balear tampoco responde a las necesidades actuales.

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