Dic
18
Medias de oro en Oriente
Samar Hegazy cuenta con un máster que no imparte ninguna universidad: educarse en Arabia Saudí y vivir los últimos 20 años en los Emiratos Árabes Unidos. La conciencia cultural, el entorno empresarial y las tendencias sociales y creencias forman un patrimonio que la vicepresidenta del banco suizo Arner invierte ahora en dirigir, desde un despacho ginebrino, la unidad dedicada a las mujeres de Oriente Próximo, de forma especial a las del golfo Pérsico, que controlan el 22% de los 700.000 millones de dólares de riqueza de la región.
La historia también tiene su peso. Las mujeres árabes han sido inversoras. Mahoma conoció a su primera esposa, una rica comerciante de La Meca, cuando ella lo contrató para llevar caravanas a Siria. Los hombres a menudo ausentes, cuando las economías del Golfo dependían de las perlas y el pescado, dejaban a las mujeres a cargo de los negocios.
En el cómputo mundial, a pesar de administrar el 27% de la riqueza privada, las mujeres están infravaloradas en las finanzas. Según un estudio, elaborado este año por The Boston Consulting Group, las mujeres constituyen como administradoras de los bienes un grupo diferenciado y cada vez más importante.
Las quejas de las féminas son comunes vengan del lugar del mundo que vengan: falta de asesores que las tomen en serio y de consejeros en los que confiar, déficit de información sobre los productos, así como la tendencia general de los expertos a presentarles una oferta limitada ante la creencia automática de que tienen menor tolerancia al riesgo. Arner Bank, que cerró el 2009 con 3,4 billones de francos suizos en activos bajo gestión, y otros bancos suizos como UBS escucharon estas quejas y se lanzaron a la caza de estas fortunas de Oriente Próximo, que registran un 8% de crecimiento anual.
Hedazy cumple con una de las máximas de su entidad financiera. No solo dedica el tiempo necesario a sus clientas llegadas solas o acompañadas a Ginebra sino que, de ser necesario, las va a visitar a sus respectivos países. Aunque haya dinero de por medio, el comportamiento femenino mantiene ciertas pautas. «La mayoría quiere que sus relaciones bancarias se basen en la empatía y el asesoramiento personalizado», indica la directiva de Arner.
Encontrarse con una mujer que, además, habla su lengua es importante para estas clientas cada vez más instruidas y más presentes en el mercado laboral, cuyo asesoramiento financiero debe tener en cuenta la complejidad de sus necesidades de planificación financiera.
La estructura familiar y la situación de la mujer en muchos de estos países son diferentes a las de Occidente porque estas mujeres son jóvenes empresarias, con patrimonios ya punteros, herederas de bienes familiares o conyugales o divorciadas, una categoría al alza.
La Sharia protege los bienes de las mujeres. Para Hegazy, uno de los objetivos principales es «salvaguardar la independencia de las clientas y sus derechos respecto a terceros». Sobre los productos elegidos, la vicepresidenta de la banca suiza explica que «las clientas, también en Arabia Saudí, se comprometen con inversiones a medio y largo plazo en lugar del comercio especulativo preferido por el sexo opuesto». Las saudís disponen de 12.000 millones de dólares en dinero líquido.
Los productos Sharia son una forma diferente de invertir, aunque en el mercado hay poca oferta para los particulares, según la experta de Arner. «Las mujeres prefieren invertir en productos con ingresos corrientes estables y, si es posible, éticos. En esta línea, las inversiones islámicas les resultan atractivas». El calcetín del mundo se rinde ante las medias de oro.

[Vìa ElPeriodico]
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