Sep
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Lo que nos cuesta una huelga
La interrupción de la actividad empresarial supone cuantiosas pérdidas. Además de los costes económicos, la organización puede perder el compromiso de sus empleados y lastrar la confianza de los clientes. Para minimizar en lo posible las consecuencias del paro, los expertos recomiendan que la compañía informe oportunamente de la situación y ofrezca soluciones a los afectados.
El próximo 29 septiembre España vivirá su séptima huelga general. Un paro convocado por los sindicatos UGT y CCOO que hasta el momento genera cierta incertidumbre entre los trabajadores. El único sondeo publicado sobre este asunto indica que sólo el 9% de la fuerza laboral participará en esta jornada.
Más allá de las demandas sindicales, lo cierto es que paralizar por completo la actividad de un país durante un día supone perder millones de euros.
El coste de la huelga de 1985 llegó a los 30.000 millones de pesetas; el del paro de 1988 fue de 400.000 millones, y el de 1992 de 30.000 millones. Ya en la actualidad, la Comunidad de Madrid cifró en 3,2 millones de euros diarios el coste de la huelga de Metro celebrada el pasado junio.
En un ámbito más reducido como es un paro convocado en una empresa sucede lo mismo. A lo que se une la pérdida de reputación que puede sufrir la compañía por no atender una serie de reglas básicas: «La organización puede ver comprometido su prestigio si transmite la impresión de que no ha sido capaz de contener el conflicto laboral, que ha desembocado en la convocatoria de huelga, o en el caso de que la misma pueda sugerir el incumplimiento de la normativa de trabajo», explica Isabel Parada, responsable de laboral del bufete Davies Arnold Cooper.
La cuestión, no obstante, no se encuentra en la convocatoria o seguimiento de un paro –el derecho a la huelga es constitucional–, sino en cómo éste se gestiona. Arturo Pinedo, socio director de Llorente y Cuenca, considera que «la sociedad entiende que se haga una huelga, lo que no comprende es que no se den explicaciones o no se pongan medidas para minimizar los efectos a terceros. Una compañía puede perder prestigio por no actuar con responsabilidad; y no sólo delante de sus empleados, también entre sus clientes y su competencia».
Para Albert Roura, profesor de Esade, «la huelga debe ser convocada para encontrar una solución. Si no se realiza con este fin, sino para desgastar o perjudicar, se ve como un acto irresponsable, como un juego político que puede afectar en gran medida a la organización y así, dañar su imagen».
Minimizar el problema
«Más allá del diálogo y las negociaciones que se pueden producir entre la empresa y los trabajadores para solucionar la situación de conflicto, no existen recetas para evitar una huelga», afirma Montserrat Alonso, abogada asociada de Sagardoy Abogados. Por eso los expertos aconsejan tener una estrategia de comunicación y prevención para minimizar las consecuencias.
«El efecto más importante es la paralización del negocio, no hay continuidad y, por tanto, no se cumplen los plazos. Así, se produce una pérdida de imagen de cara a los clientes, porque si no se entrega el producto a tiempo se puede perder la confianza del consumidor», expone Rodrigo Abad, director de corporativo y gestión de crisis de Weber Shandwick.
En opinión de Pinedo, las consecuencias de una huelga se ven en la quiebra de la relación con los empleados y en los problemas que pueda generar a terceros. «La organización interrumpe el suministro, por lo que no puede dar determinados servicios. Por eso debe informar permanentemente de la situación y de las posibles soluciones».
De este modo, el plan de comunicación se convierte en el mejor aliado para una empresa en huelga. «Las organizaciones tienen derecho a informar directamente a sus empleados, clientes y todos sus públicos de cuáles son las circunstancias reales que impiden llegar a un acuerdo, el por qué no puede aceptar las peticiones laborales planteadas, qué tipo de medidas alternativas existen, etcétera», explica Charo Gómez, directora de Estudio de Comunicación. Pinedo opina de forma similar: «La empresa debe respetar la huelga, pero esto no impide que pueda expresar su opinión. Se trata de un ejercicio de responsabilidad ante los trabajadores y los clientes». Para Roura es importante que las partes del conflicto sepan argumentar su postura: «No hay que esconderse y nada puede quedar sin explicación. Si esto ocurre, es que algo falla».
A juicio de Pinedo, esta práctica informativa no se acostumbra entre las empresas de España. «Se retraen sobre sí mismas en una situación de huelga. Optan por el silencio y esto es lo que realmente les perjudica. Piensan que hablar sobre el paro y dar la cara va a darle más repercusión, cuando ocurre lo contrario». En definitiva, «el silencio empresarial nunca suele ser rentable ni interna ni externamente», afirma la directora de Estudio de Comunicación.
En cuanto a la previsión, la organización debe asegurar suministro y organizar la logística de la distribución de los productos para ofrecer unos servicios mínimos a los consumidores. Así, también, la vuelta a la normalidad será menos compleja.
Aun con todo, la credibilidad puede verse dañada. Para recuperarla es preciso seguir un largo proceso. Abad recomienda volver a generar confianza explicando a los afectados por qué se ha fallado y ofreciendo soluciones desde el primer momento. «Se trata de que los clientes vuelvan a confiar. Aunque se debe avisar con antelación de que va a producirse una huelga».
Charo Gómez advierte que «antes de nada será necesario realizar una evaluación completa del daño sufrido para iniciar la recuperación. Y sobre todo encarando la nueva etapa desde la transparencia».
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