Oct

16

Inquietud y fuerte malestar en la banca española

Los responsables del sector bancario español no ocultan su impotencia ante las medidas de recapitalización de la banca europea.

Será difícil escuchar a un banquero español manifestarse en los próximos días sobre lo que está ocurriendo en el sector financiero europeo, de la misma forma que lo hacía el presidente y consejero delegado del Deutsche Bank, Joseff Ackermann. Están a la espera de que se concrete el plan de recapitalización y las fórmulas que se van a utilizar tanto para saber las entidades que necesitan ayuda como el origen de éstas. Mientras tanto, los responsables del sector bancario español no ocultan su impotencia, mezclada con algo de inquietud y bastante malestar.

Impotencia porque parecen convencidos de que el destino más próximo de sus entidades no depende de ellos y ni siquiera del Banco de España, sino de las normas que apruebe la Unión Europea no más allá del primer fin de semana de noviembre. Hasta ahora se han limitado a hacer llegar sus temores al Banco de España y éste ha prometido defender en Bruselas la peculiaridad de las entidades financieras españolas, menos expuestas a los riesgos de la deuda soberana. El problema es que Bruselas no sólo no ha intentado en los últimos test de estrés que España salga bien parada, sino que se ha esforzado en penalizarla en su convencimiento de que el riesgo inmobiliario no quedaba bien reflejado en las pruebas y era tan grave como de la deuda soberana.

Inquietud porque las entidades españolas saben mejor que ninguna otra que la propuesta de Durao Barroso de que la recapitalización de los bancos se cubra con dinero del sector privado es una mera ilusión. Los escasos recursos financieros que hay en el mercado no se van a movilizar para cubrir las necesidades de capitalización de bancos en crisis. El fondo de garantía apenas cuenta con 4.000 millones de euros, ni siquiera el 10 por ciento de los 58.000 millones que Goldman Sachs estima para la banca española en el caso de que se exija un 9 por ciento de capital principal. Y la alternativa es dar más protagonismo al sector público lo que significa, ni más ni más menos, que la nacionalización de algunas entidades, por mucho que la vocación del dinero público no sea la de controlar los bancos. En estas ocasiones se sabe cuando el estado entra en el capital de un banco, pero no cuando sale.

Malestar porque consideran que los esfuerzos y las pruebas realizadas hasta ahora no han servido para nada y, en consecuencia, se cuestionan si las nuevas medidas serán suficientes. A esta incertidumbre no encuentran respuesta en el Banco de España, al que echan en cara también no haber logrado en las últimas pruebas que se tuvieran en cuenta las reservas genéricas. A estas alturas, las entidades todavía desconocen si en unos nuevos test se tomarán en cuentas tales reservas y consideran que de no hacerlo se estaría cometiendo un acto discriminatorio contra las entidades financieras españolas.

A esa impotencia, inquietud y malestar habría que añadirle un cierto nerviosismo ante algunos de los acontecimientos ocurridos en las últimas semanas, que no han dado buena imagen del sector financiero, especialmente de las cajas de ahorro. Ello, probablemente ha contribuido a que los dos grandes partidos hayan centrado sus declaraciones electorales en el sector financiero con propuestas que para algunos no tiene sentido plantear en estos momentos, salvo que se quiera contribuir a deteriorar la mala imagen del sector y de España. Pero, sólo les queda esperar, convencidos, como señalaba el consejo delegado de una de las entidades que “de aquí puede salir cualquier cosa”.

[Via finanzas]

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