Abr
5
Geely, que fabrica coches de entre 5.000 y 7.000 euros, ha comprado Volvo, que los vende por 70.000
El propietario de la firma china era campesino y vendía fotos a turistas
La operación automovilística del año implica a Geely y Volvo. La primera, de un país en vías de desarrollo, fabricaba neveras 15 años atrás y ahora vende coches con bien ganada fama de frágiles por entre 5.000 y 7.000 euros. La otra, de rancio abolengo europeo, despacha desde 1927 coches de alta gama, sobrios y seguros, de 70.000 euros. La primera ha comprado a la segunda, y no viceversa.
La noticia causaría sorpresa si Geely no fuera china. Mientras la crisis sigue mordiendo a Occidente, el mercado chino goza de tan excelente salud que el pasado año se convirtió en el mayor del mundo. Los constructores occidentales concentran sus esfuerzos en sobrevivir y los chinos se expanden. Otra compañía china, Build Your Dream, fabricaba baterías de móviles y hoy lidera el sector mundial de los coches eléctricos.
Del campo a Forbes
El fenómeno, además de una crisis global, requiere el tipo de empresario audaz que abunda en China. Li Shufu, propietario de Geely, lo quintaesencia. Nació en 1963 en un pueblo de Zhejiang, probablemente la zona del planeta con mayor porcentaje de self-made man (hombres hechos a sí mismos). Su proximidad con Taiwan desaconsejó su desarrollo tras la apertura económica, y aquellos campesinos hubieron de apañárselas solos. En pocas entrevistas Li no recuerda su pasado en el campo. Hoy, el 44° chino más rico (960 millones), sigue un estilo de vida frugal y en televisión se descalza para mostrar a cámara sus zapatos baratos.
Li compró con los 100 yuanes (75 euros) recibidos por su graduación una vieja cámara y una bicicleta para fotografiar a turistas. En seis meses multiplicó por 10 la inversión. Después fabricó neveras, motocicletas y, en 1998, coches. En el 2003 ya exportaba. Asegura que la fórmula de su éxito fue seguir las directrices del Partido Comunista. El respeto reverencial al partido es habitual, y también que las campañas anticorrupción lleven a los millonarios chinos desde Forbes a la cárcel.
Las ventas de Volvo no han dejado de caer desde que Ford la adquirió en 1999 por 4.725 millones. La viabilidad de la marca sueca pasa por una inversión millonaria que Li garantizó: además de los 1.341 millones de la compra, invertirá otros 670 millones para reflotarla. «No funcionará solo con transfusiones; Volvo necesita recuperar su capacidad de generar su propia sangre», resumió.
Sindicatos y usuarios han expresado sus miedos. La reputación de Volvo descansa en su fiabilidad y Geely ha obtenido fracasos sonados en pruebas de seguridad en EEUU. Pero dicen los expertos que Volvo no solo eligió a Geely, sino a China. Las ventas de coches de lujo en Occidente caen en picado, mientras en China crecen un 40%. No sería extraño que Volvo renueve la flota de Audis de los representantes políticos.
La jugada de Li es innovadora. Mientras los fabricantes coreanos y japoneses tuvieron que trabajarse su reputación durante décadas, Geely ha tomado el atajo adquiriendo el know how de una marca reputada. Los que dudan de Li ignoran de qué pasta están hechos los campesinos de Zhejiang. Li está tranquilo. Se siente como «el niño de pueblo que persigue una estrella de cine». Si fracasa, dice, siempre podrá regresar al campo.
Si te ha gustado este artículo puedes completarlo dejando un comentario o bien puedes suscribirte al feed y recibir las entradas futuras en tu lector de feeds.





Comentarios
No hay comentarios todavía.
Deja tu comentario