Jun
23
Europa (y España) tienen futuro
La tormenta arrecia. Políticos y expertos en gestión defienden la zona euro y recomiendan unidad para afrontar los nuevos desafíos.
El mensaje fue alentador. Muchos asistentes a la última jornada de ExpoManagement, celebrada el jueves en Madrid, respiraron con cierto alivio. Había un motivo. Frente al mensaje derrotista de los últimos tiempos, las estrellas de la feria de la gestión de este año, Pedro Solbes y Rodrigo Rato, coincidieron, aunque ellos apenas tuvieron tiempo para darse un apretón de manos entre bambalinas, en lanzar un mensaje optimista: Europa tiene futuro. Y el euro, también.
«No está en peligro, ni los distintos países pueden salir ni pueden ser expulsados. Creo que el euro es positivo», dijo el ex vicepresidente y ex ministro de Economía y Hacienda con el Gobierno de Rodríguez Zapatero, Pedro Solbes. Es más, si no quedó claro, insistió: «El euro sigue potente, vivo. Hay que reforzarlo con medidas de coordinación y una política fiscal potente».
Cuando le llegó el turno del también ex ministro de Economía, pero con el Gobierno de Aznar, y presidente de Caja Madrid, Rodrigo Rato, defendió la posición de Europa en el mundo: «Es un gigante, es la primera economía del mundo, por encima de EE UU». Para refrendarlo, aportó los datos de exportación, que calificó de «impresionantes»: el 29% corresponde a la zona europea, el 10% a EE UU, el 4% a Japón y el 14% al resto de los países emergentes asiáticos. «Somos un gigante con pies de barro», dijo, para a continuación poner en duda si han servido para algo, al contrario de lo que sucede en China, Japón, Canadá o EE UU, los estímulos fiscales. También se cuestionó si el mercado laboral está ajustado a la nueva realidad, en cuanto a flexibilidad y movilidad. El ex director del Fondo Monetario Internacional reclamó una política fiscal europea, un presupuesto euro. «Necesitamos una política fiscal y monetaria, que armonice ingresos y gastos», señaló Rato, que defendió políticas similares porque los problemas de envejecimiento o de desempleo son parecidos. «Esto también nos permitiría aprender y copiar a los mejores, ayudarnos unos a otros, empezando por un presupuesto común», dijo.
Para Rato no es el momento de dar cabida al pesimismo, sino de encontrar una oportunidad a las dificultades para emprender grandes cambios. Y afirmó que es importante crecer, ser más flexibles y competitivos, reducir los costes y recuperar la confianza.
Solbes señaló que con respecto a España es mucho más optimista, a pesar de algunos indicadores negativos, como es la caída de la exportación, «pero luego seguimos participando en la cuota internacional». Elogió el papel y la modernización de las empresas españolas que han salido a competir fuera de España y aseguró que nos queda un larguísimo camino en innovación.
Ser únicos
Las empresas europeas, y españolas, deben pensar muy bien en estos momentos la estrategia para ser más competitivas, según el profesor de Harvard Business School Michael Porter, que incidió en la importancia de «competir no para ser los mejores, sino para ser únicos». «Las empresas deben ofrecer productos o servicios a los clientes con un valor que los demás no puedan ni cubrir ni copiar», señaló.
Porter contó una anécdota muy gráfica sobre cómo competir. Él, que viaja constantemente, elige siempre la misma cadena hotelera de lujo por la multitud de detalles agradables que hay en la habitación, como por ejemplo una botella de agua de bienvenida. Pero un día el agua ya no estaba. Era parte de los recortes. Para este profesor de estrategia, el hotel dejaba de ser único, perdía parte de su esencia. «En España muchas empresas están recortando gastos por la crisis. Pero es muy peligroso meter la tijera en lo que somos diferentes. Hay que tener mucho cuidado, porque en la poda la empresa se puede llevar por delante lo que les hace únicos». Original como el modelo sueco de Ikea, explicó Porter, ya que esta firma tiene muy claro su modelo de negocio y quiénes son sus clientes, algo que les convierte en incopiables.
Otra de las ventajas que el modelo europeo tiene para salir mejor de esta crisis es la responsabilidad social corporativa, aseguró el profesor, porque históricamente ha asimilado mejor que EE UU temas como la igualdad de género, la seguridad de sus empleados, la incorporación de los temas ambientales o la formación. «En los negocios hemos perdido de vista lo que es bueno para la sociedad», criticó, lo que ha llevado «a un rechazo del capitalismo», sobre todo más agudizado al otro lado del Atlántico. «Incorporar ciertos valores es un valor competitivo, beneficia no sólo a la empresa sino que mejora las condiciones sociales y económicas de la comunidad que nos rodea», aseguró.
Otro profesor y escritor de éxito, Nassim Taleb, ofreció sus propios consejos, y algunas advertencias, a las economías europeas. «Cuando un país se especializa, si llegan los problemas, la globalización le hace más frágil. La presión de la interdependencia es ésta, se fracasa más rápidamente. En 1983 esta crisis no hubiera sucedido». Y sobre todo advirtió a Gobiernos, empresas y economías familiares del peligro de la deuda. «Son 6.000 años de aprendizaje sobre las deudas de todas las sociedades. Nuestras abuelas ya nos enseñaban del riesgo de endeudarse, si les hubiésemos hecho caso, nos hubiéramos ahorrado muchos fracasos», opinó, achacando a Alan Greenspan y Ben Bernanke, presidentes de la Reserva Federal, no haber visto los riesgos evidentes. Así que este ensayista, autor del best seller El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, recomendó a los directivos presentes a aprender de los fracasos.
El profesor de Economía de Esade Xavier Mena, que participó en una mesa redonda en la que también se habló de los retos que se le plantean a España, consideró que «la reforma laboral debería haber sido mucho más profunda». Entre otras razones porque el decreto-ley no incluye la reinserción laboral ni el tema de flexibilidad horaria. «El decreto-ley no aborda bien la dualidad del mercado laboral. Además se mantienen criterios que deberían reformarse sobre negociación colectiva y el propio poder sindical».
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