Abr

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El sector inmobiliario chino

Ya conocemos el proceso. Los políticos analizan el mercado inmobiliario chino, y hacen declaraciones sobre su resolución a controlar las «fuertes» subidas de los precios.

Entonces se publican unos datos, como sucedió este pasado miércoles, que sugieren que los precios de las propiedades residenciales y comerciales se están disparando –subieron un 11,7% interanual en marzo, una cifra récord–, y aparecen de nuevo las desaprobaciones. A última hora del día, el Consejo Estatal amenazó con poner freno «con determinación» a las «excesivas» subidas.

No sorprende que China prefiera hablar a tomar medidas serias. El secreto peor guardado de la economía es que los gobiernos locales, y Pekín a través de ellos, dependen de un vibrante sector inmobiliario. La venta de terreno (o, con más exactitud, el arrendamiento a largo plazo) aumentó más de un 40% el año pasado, llegándose a los 1,4 billones de renminbi (150.000 millones de euros) en ingresos fiscales.

Por su parte, los datos del producto interior bruto (PIB) del primer trimestre conocidos el jueves mostraban que la inversión en propiedades, que había crecido un 25% interanual, era la principal responsable de ese aumento. Además del precio, el volumen de transacciones e inversiones subió significativamente en marzo –justo después de que el Congreso Popular Nacional se disolviera sin dictar nuevas políticas sobre la propiedad–

Para ser justos, resulta difícil contener este inmenso y fragmentado mercado: China Vanke, la mayor de entre las 64.000 promotoras inmobiliarias que se calcula que existen en China, y de propiedad estatal, posee el 2% de la cuota de mercado. Y los recuerdos sobre la fuerte corrección de 2008 siguen recientes. Entonces, Pekín restringió el crédito bancario a las promotoras, lo que despertó temores sobre su viabilidad, la debilidad de los precios, y una gran ralentización de las ventas y la construcción. Esa es la razón de que, en esta ocasión, los ajustes hayan recaído principalmente en la demanda –entre ellos las medidas tomadas el jueves para subir la entrada y los tipos de los créditos para la compra de segundas viviendas–.

Son necesarias medidas más rotundas –como tipos más altos y, tal vez, un impuesto a la compra de viviendas–. El Estado, después de todo, puede ser un eficaz freno cuando así lo quiere: los nuevos préstamos en renminbi cayeron casi un 20% entre febrero y marzo.

Por el momento, sin embargo, es obvio que ni los compradores ni las promotoras inmobiliarias creen que Pekín vaya a morder la mano que le da de comer.

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