Nov

12

El número de ocupados por pensionista cae a niveles de hace 10 años

Cambio de ciclo en la Seguridad Social. Si hasta ahora el sistema público de protección social había aguantado el vendaval de la crisis, las cosas empiezan a torcerse. En particular en el aspecto esencial que sirve para garantizar la viabilidad del sistema: la relación entre ocupados y pensionistas, la clave de bóveda de un sistema de reparto como es el español.

Los datos más recientes de la propia Seguridad Social indican que el pasado mes de octubre había 2,22 afiliados ocupados por cada pensionista. Se trata de la relación más baja desde el año 2000, y pone de manifiesto el progresivo deterioro del sistema de pensiones a consecuencia de la crisis.

Por un lado, cae el número afiliados-ocupados -hasta los 17,63 millones- y, por otro, el número de pensionistas no deja de crecer. En concreto hasta los 7,92 millones. Si en vez de tener en cuenta el número de pensionistas se observa el de pensiones (un mismo beneficiario puede tener dos o más prestaciones) se estaría hablando de que la Seguridad Social está pagando (datos hasta el pasado mes de julio) 8,67 millones de pensiones. O lo que es lo mismo, hay 2,03 ocupados afiliados por cada pensión.

La Seguridad Social ha aguantado hasta ahora el tirón de la crisis gracias a que es el Estado quien cubre las cotizaciones sociales de los parados, pero a medida que se vayan agotando las prestaciones también caen en paralelo los ingresos de la Seguridad Social vía cotizaciones. Y hay que tener en cuenta que, según los sindicatos, unos 700.000 parados dejarán de percibir la prestación a lo largo de 2011. Ya este año -con datos hasta setiembre- nada menos que 267.381 parados han visto como se ha acabado su prestación, lo que explica el deterioro de la relación ocupados-pensionistas.

La Seguridad Social publica esta misma información, pero incluyendo también a los trabajadores en situación de alta, aunque sean parados. Y eso explica que, según sus datos, en octubre pasado hubiera 2,58 cotizantes por cada pensionista. Se trata, en cualquier caso, de la peor ratio desde diciembre de 2004, lo que pone de relieve la intensidad de la crisis. No hay que olvidar que la Seguridad Social ha perdido en poco más de dos años 1,74 millones de afiliados, pero su efecto sobre las cuentas de la Seguridad Social había sido casi inapreciable debido a que el Estado cubría las cotizaciones.

No se trata de un asunto menor. Las cifras más recientes de la Seguridad Social muestran que nada menos que el 14,6% de todos los afiliados a la Seguridad Social proceden del desempleo, de largo el porcentaje más elevado desde que existen series históricas. En 1993, durante la última recesión, se llegó a un máximo del 12,7%.

Aviso a navegantes
Como un aviso a navegantes, Rafael Domenech, responsable para España y Europa del Servicio de Estudios del BBVA, aseguró ayer que veía con “preocupación” las cuentas de la Seguridad Social. “Observamos atentamente y nos preocupa la caída de cotizaciones a la Seguridad Social, ya que la debilidad del mercado de trabajo puede afectarla negativamente”, aseguró Domenech tras presentar el último informe Situación.
En ese informe se estima que este año se destruirán 422.700 puestos de trabajo, mientras que el próximo, y pese a que el PIB volverá a tasas positivas (del 0,9%) la economía destruirá otros 35.900 puestos de trabajo, hasta llevar la tasa de desempleo al 20,6%.

En este escenario, no parece que la Seguridad Social pueda recuperarse, sobre todo teniendo en cuenta el llamado ‘efecto sustitución’. Es decir, la diferencia entre las nuevas pensiones y las que se dan de baja. Y los datos de la Seguridad Social indican que en estos momentos los nuevos pensionistas del régimen general perciben, como media, 1.079 euros al mes, mientras que los que han dejado de serlo cobraban 877 euros. Es decir, las nuevas pensiones son un 23% más elevadas que las antiguas, lo que sólo en parte se cubre con mayor cotizaciones. Alrededor de la tercera parte de las pensiones continúan siendo soportadas con complementos de mínimos que, en teoría, debe pagar el Estado con impuestos.

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