Feb
28
Aquellos maravillosos pactos
La gravedad de la crisis exige drásticas reformas que invitan a cerrar un pacto de Estado similar al suscrito en 1977 por todos los partidos…
… Pero el enfrentamiento entre los dos grandes partidos y unas elecciones generales a dos años vista, convierten el consenso en una quimera.
Más de cuatro millones de parados, caídas del PIB que rozan el 4%, déficit público disparado, crisis de deuda, pérdida de competitividad, de confianza, de imagen, de credibilidad… ¿Requisitos para lograr un pacto de Estado que saque a España del pozo de la recesión? ¿Requisitos para emular los históricos Pactos de la Moncloa sellados el 25 de octubre de 1977 por todo el arco parlamentario? Entonces se trataba de salvar la democracia salvando la situación económica; ahora se trataría de salvar la situacion económica con un pacto político, evitar que la crisis termine desestabilizando el país. Pero la realidad es bien distinta.
El nexo entre ambas situaciones es ahora la gravedad de la crisis; la predisposición y la forma de atajarla, diferente. «O los demócratas acaban con la crisis o la crisis acaba con la democracia», dijo en 1977 Enrique Fuentes Quintana, ministro de Economía del primer Gobierno de Adolfo Suárez e impulsor de los Pactos de la Moncloa. Tres décadas después, la historia parece repertirse, pero en este caso, el Rey, que fue motor del cambio hacia la democracia, está siendo el «motor del pacto» para sacar a España de una crisis sin precedentes, cuyo calado parece ignorar el Ejecutivo, centrado en su particular batalla con el principal partido de la oposición.
Pero ¿de qué situación se partía en 1977 y de qué situación se parte ahora? ¿Es ahora factible un acuerdo de similares características? Y los políticos, ¿tienen idéntica predisposición al pacto que entonces?
Hace tres décadas la situación económica era explosiva. En un país en el que casi el 70% de la energía era importada, la crisis del petróleo de 1973 llegó a mover el precio del barril del petróleo de 1,63 a 14 dólares en doce meses. La inflación pasó del 20% en 1976 a un 44% un año después, las exportaciones sólo cubrían el 45% de las importaciones, y la deuda exterior acumulada entre 1973 y 1977 ascendía a 14.000 millones de dólares. Como guinda, el alto endeudamiento empresarial y el creciente paro.
Los números ahora no son los mismos, pero sí una situación económica crítica. España atraviesa la peor crisis vivida en la historia. Su virulencia ha sido de tal envergadura que dos años han bastado para anular quince de crecimiento sostenido, estabilidad en las cuentas públicas y fuerte creación de empleo, dos años en los que se han destruido más de un millón de puestos de trabajo, el paro ha alcanzado cotas alarmantes, el desajuste en las cuentas públicas ha sido histórico y los precios han descendido al bajo cero.
¿Qué se hizo entonces? ¿Qué se puede hacer ahora? La estructura de la economía era en los comienzos de la democracia muy distinta de la actual. Se trataba de una economía muy intervenida, en la que el peso del Estado era mayúsculo. Los Pactos de la Moncloa allanaron el camino de las reformas que permitieron mejorar el funcionamiento de la economía. Se introdujo un impuesto progresivo sobre la renta, se sentaron las bases de la modernización del sistema financiero, hubo reformas en la incipiente Seguridad Social y se aplicó una política presupuestaria y monetaria que permitió en un año rebajar a la mitad la inflación sin que se produjeran pérdidas de poder adquisitivo de los salarios. Y todo llegó a buen puerto por consenso de partidos, sindicatos y empresarios.
Ahora las circunstancias son diferentes porque la economía española está mucho más integrada en los mercados mundiales y también porque la clase política es bien distinta de la que inauguró la democracia en España. Entonces, se partía de cero tras largos años de dictadura: ahora el pacto nacería pervertido tras el enrocamiento y la continua pugna entre los dos grandes partidos, los que deberían tomar las riendas del consenso para encarar de nuevo la senda de la estabilidad.
Huida hacia adelante
¿Qué propone ahora el Ejecutivo para sacar a España del abismo? Acorralado por la situación económica, por la pérdida de crédito internacional, el Gobierno se mueve en el desconcierto total. Empujado por la caída de la afiliación a la Seguridad Social el presidente tomó el rábano por la hojas y sin contar con nadie, presentó una improvisada reforma del sistema de pensiones que, entre otras medidas, alargaba de 65 a 67 años la edad legal de jubilación. Polémicas fueron las medidas, pero más polémico por chapucero fue el envío a Bruselas de otros cambios que fueron rectificados a las seis horas de ser enviados. Reforma de quita y pon que provocó un desplome de los mercados.
Temas espinosos aparte
La cercanía de una tragedia griega en España obligó también al presidente a presentar a los agentes sociales una reforma laboral con más música que letra, llena de generalidades y pocas concreciones, un punto de partida para negociar sin plazos, apoyada en el contrato de fomento de empleo estable acordado en 1997. Los temas espinosos, como el despido o la rebaja de cotizaciones no se tocan. Y todo aderezado con un plan de austeridad por 50.000 millones inconcreto y generalista. Todo, buenas intenciones, medidas en marcha, ninguna.
Juan Velarde, vicepresidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, explica que el momento económico no es parecido al que precedió a los Pactos de la Moncloa, «salvo que entonces y ahora existe una situación muy grave en la economía». Añade que «entonces se vivían los resultados de una crisis doble: la del petróleo y la de la Transición, con un componente político que no se parece en nada al de ahora. En este momento —relata—, con otro componente político, existe una crisis internacional muy seria; una española derivada del endeudamiento y de una crisis en la industria de la construcción. Pero, desde luego, en ambos casos, repito, la gravedad es extraordinaria».
Gobierno de concentración
Asegura el profesor que para salir de la crisis es necesario hacer reformas y hacerlo «con un pacto de Estado, en un gobierno de concentración, o con un gobierno mayoritario recién concluida una campaña electoral». Explica que «para lo primero se necesita, evidentemente, un pacto de Estado y para lo segundo, un adelanto electoral. De ahí —puntualiza—la importancia de que nada menos que el Rey impulsase alguna de estas posibilidades que, en principio, forzosamente llevan a un gobierno de concentración».
Rafael Pampillón, economista de IE Business School, se pregunta si es comparable la situación económica que vive España con la que se vivió en el verano de 1977. Concluye que «los problemas son parecidos aunque nuestra economía ha cambiado bastante. Al igual que entonces tenemos una caída de la inversión y en el consumo que se manifiesta en un estancamiento en el crecimiento, déficit público impresionante (12% del PIB), creciente tasa de paro y un desequilibrio con el exterior (5,4% del PIB) que debemos financiar».
Tajante dice que «la adopción de las medidas que contemplaba aquellos Pactos consiguió reconducir y estabilizar la economía». Pero cree que ahora «tenemos una mayor dificultad que antes, porque en 1977 la devaluación de la peseta permitió recuperar la competitividad que se había perdido por nuestra mayor inflación. Y ante la imposibilidad de devaluar, la competitividad y el equilibrio exterior sólo se pueden alcanzar mediante reformas estructurales y una política fiscal adecuada que se deberá plasmar en los Presupuestos para 2011».
Añade que «tanto las necesarias reformas, como los Presupuestos para 2011 necesitan, dada la situación económica, un acuerdo político entre los dos grandes partidos nacionales. Y sería conveniente que el Gobierno intentase pactar con el principal partido de la oposición una reforma laboral y unos Presupuestos que incluyan sacrificios para el conjunto de los ciudadanos». Piensa que en un contexto de fuerte reducción de los ingresos públicos y de aumentos en el gasto público, el hipotético pacto debería contemplar la reducción del gasto público y también la necesaria reducción del gasto y del intervencionismo de los entes territoriales (creación de empresas públicas, aumento de tasas y de trámites burocráticos que generan lentitud e incrementos en los costes empresariales).
«En definitiva, la economía española ha acumulado en los últimos años muchos desequilibrios (en el mercado de la vivienda, mercado laboral, déficit público, balances de las cajas de ahorros y déficit exterior) que la hacen muy vulnerable en un entorno internacional muy inquieto. Un acuerdo entre el Gobierno del PSOE y el PP daría confianza a los agentes sociales y a los mercados internacionales, lo que sería lo más beneficioso para el conjunto de los españoles», señala.
Juan Pérez-Carballo, director del máster en Dirección Financiera de ESIC y director de Converthia, también encuentra similitudes entre la situación económica que había en 1977 y la actual. «Pero —dice—aquélla era una encrucijada más grave, pues la crisis amenazaba la democracia». Cree que el problema actual sólo es económico y surge por el fraude fiscal, la especulación, la aparente permisividad social y la débil regulación y supervisión. Piensa que un eventual pacto entre los partidos, que debería contar con apoyo empresarial, sindical y con amplio respaldo social, «debe abordar las causas de estas crisis recurrentes y no limitarse a sus síntomas, para prevenir en vez de curar».
Ilusión y voluntad
Para Pérez-Carballo las prioridades ahora son perseguir el fraude fiscal y la corrupción para mejorar el déficit público y la deuda exterior y respetar las genuinas reglas del mercado, en el marco de la ley. En este último punto aboga por «dejar que ajuste el precio de los activos inmobiliarios para liquidar lo acumulado que, paradójicamente, convive con una demanda insatisfecha». Es partidario de moderar las rentas y apoyar la productividad, así como «investigar y desarrollar más». A su entender, estas medidas requieren «un pacto amplio». Y cree que «los políticos están capacitados para acometerlo; sólo se requiere la ilusión colectiva que había en 1977 y la voluntad para hacerlo».
Elecciones por delante
José Ramón Pin, profesor del IESE, piensa que «la situación económica se parece en algunos temas (paro, déficit…), no tanto en otros (inflación, deuda pública). Pero «lo más diferente es la situación política, con un Gobierno (en el 77/80) capaz de concitar acuerdos y una oposición consciente de que se jugaba el sistema, no sólo el momento económico». Y se pregunta ¿habría que hacer un Pacto de la Moncloa 2? Probablemente sí, dice. ¿Es posible? Con la situación política y con elecciones en dos años es difícil, apunta.
Para Eugenio Recio, profesor de Economía de Esade, el nexo entre la situación económica que había en 1977 y la que existe en estos momentos es la gravedad. Recuerda que entonces había acuerdo en el diagnóstico , pero que ahora no hay ni acuerdo en el diagnóstico ni en las prioridades de política económica, motivo por el que ve muy difícil alcanzar un pacto pese a que lo cree deseable. Entre los problemas para lograrlo cita la actitud del presidente del Gobierno, de admitir diálogo, pero imponer posiciones, o los diferentes puntos de vista en cuanto a impuestos. Añade este profesor como un problema la credibilidad que entonces tenía el ministro de Economía, Enrique Fuentes Quintana, y la que hoy no tienen los miembros del Gobierno.
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