Mar
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¿Y quién pagará al final la fiesta de Internet?
Lo que subyace en el fondo de la cada vez menos soterrada batalla que libran los operadores de telecomunicaciones y las empresas de servicios en Internet -desde el multinombrado Google hasta el último proveedor de contenidos- por el control de la red de redes tiene que ver, como casi siempre, con el dinero.
Por un lado, está en juego la supervivencia de distintos modelos de negocio, algunos incompatibles entre sí y, por otro, íntimamente relacionado con lo anterior, cómo se articulará la financiación de la que promete ser la nueva revolución industrial, la de la era digital. Es decir, quién asumirá el riesgo de adelantar el dinero necesario.
Sólo los puntos de partida de cada cual están claros: los operadores quieren parte de los ingresos, de momento casi 100% por publicidad, que obtienen las empresas que hacen negocio en Internet, con Google como personificación de un amplia grupo de empresas. Sostienen los proveedores de acceso que, sin infraestructuras avanzadas, no habría banda ancha ni, consecuentemente, servicios asociados a estas conexiones de alta velocidad, como las descargas de vídeo, los intercambios de archivos o, por extensión, casi cada nueva aplicación de las que se crean a diario en el universo Internet. Y recuerdan las operadoras que ellas asumen todo el riesgo asociado a estas inversiones, que, sólo en España, pueden sumar más de 2.000 millones de euros anuales.
Enfrente, Google, pero también fenómenos de popularidad y éxito como Facebook y otras redes sociales, recuerdan que, sin sus servicios, Internet no sería ni una décima parte de lo que es, y que, por tanto, las operadoras no harían ni por asumo un negocio similar al que ellos les facilitan. Dicen que no sólo hay que invertir en infraestructuras, sino en motores de búsqueda, sistemas de codificación…. en fin, todo lo que colabora a que Internet no sea un cajón de sastre. En esta tesis, enfrentada a las de las operadoras, coinciden los proveedores de contenidos, que no terminan, sin embargo, de aliarse con este grupo de empresas por el temor a quedarse sin negocio. A diferencia de Google, los proveedores de contenidos no tienen aún un modelo definido y en marcha para monetizar sus ofertas.
En esta batalla, Google y Facebook saben que tienen a la opinión pública de su lado: aparecen como los grandes facilitadores de las comunicaciones y el entretenimiento digital, ofrecen sus servicios gratis y para todos. Los operadores tienen al público en contra: son los que cobran al cliente final y además, empieza a correr el rumor de que, en realidad, lo que quieren es un Internet cerrado, con servicios paquetizados, de pago y controlado por ellos mismos.
Quieren, según estos rumores, matar la libertad de Internet. ¿Adivinan desde dónde se alimenta esta especie? Paradójicamente, vía factura o, como contribuyentes, si el Estado accede a financiar infraestructuras, terminarán siendo los internautas, junto a los anunciantes, los que financien a Google.
Nuevas oportunidades para la TDT
Mañana empieza el apagón analógico, que en veinte días convertirá España en uno de los países más digitalizados del mundo. La llegada masiva de la televisión digital terrestre (TDT) abre nuevas oportunidades de negocio y, sobre todo, fuerza a las actuales plataformas de televisión digital de pago, como Digital+ o Imagenio, a reinventar sus ofertas.
Con Internet como referencia del nuevo consumo audiovisual, en cualquier momento y con cualquier contenido, las plataformas empiezan a buscar fórmulas para personalizar al máximo las ofertas a sus clientes. El café para todos en la televisión de pago está muerta y las cadenas de televisión pueden ahora combinar su tradicional oferta televisiva en abierto, financiada con publicidad, con canales a medida, bajo la modalidad de TDTde pago, para subir al carro de la personalización.
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