Dic

20

¿Cómo funciona el fraude de los billetes de lotería premiados?

Que toque una vez la lotería es ya bastante fortuna como para pretender convencer a un juez de que le toca al mismo todos los años, pero aún así sigue habiendo quien lo intenta, y a veces con éxito, ya que el sistema judicial de nuestro país se basa, afortunadamente, en la presunción de inocencia y no es fácil demostrar que el portador del billete premiado no fue su comprador original.

Como los décimos de lotería son billetes al portador, tenemos en este anonimato uno de los pilares del fraude. El otro es mucho más filosófico y se basa, por supuesto, en que los premios obtenidos en las loterías oficiales están exentos de tributación fiscal. Todo lo que se obtiene de una empresa o de un trabajo paga sus correspondientes impuestos, pero si el dinero procede de resultar agraciado por la suerte no se paga nada pues, al parecer, la suerte está mucho más protegida legalmente que el esfuerzo, y no digamos ya que el talento.

Los más técnicos niegan que esta sea una expresión más del principio de Dilbert, y alegan que se trata de un caso de tributación anticipada, pues al quedarse Hacienda con casi dos tercios de la recaudación considera ya, de antemano, satisfechos los impuestos. Si algún día se privatiza el Organismo Nacional de Loterías, veremos qué había de cierto en esta tesis…

Entre tanto, resulta que esta exención fiscal genera un agujero muy importante: quien tiene ingresos sin declarar o ha acumulado dinero negro procedente de cualquier actividad, puede convertir ese capital en dinero legal por el simple procedimiento de decir que le ha tocado en la lotería. Para ello “solamente” hay que comprar décimos premiados que sirvan como justificante.

El defraudador potencial se pone entonces en contacto con las administraciones de lotería que han vendido algún premio y a través de ellas, o preguntando directamente en los vecindarios donde corre el cava de las celebraciones, intenta contactar con los verdaderos premiados para ofrecerles entre un 15 % y un 20 % más de lo que les van a pagar por su décimo. De este modo, al verdadero ganador, el Gordo le resulta aún más gordo de lo que esperaba, y el que busca el modo de defraudar o de blanquear dinero se encuentra con una magnífica coartada a la hora de explicar a Hacienda la procedencia de sus ingresos.

Hacienda consigna al ganador en el momento del pago, pero no puede hacerlo antes, y en este periodo de tiempo, entre el sorteo y la presentación en ventanilla del décimo premiado, es cuando puede darse casi impunemente el cambiazo al titular.

¿Y qué ocurre con el dinero que recibió el legítimo ganador? La mayor parte de las veces, NADA. Lo normal en esta vida es que la lotería le toque a gente corriente que tiene muchos y grandes agujeros que tapar con ese dinero. En muchas ocasiones, al que ganó cien mil euros no le importa meterse al bolsillo ciento veinte mil y no se preocupa de tener que justificarlos, porque le desaparecerán en tan poco tiempo y por tantas grietas, que malamente vendrá nadie a pedirle explicaciones.

Sobre la importancia de no repetir demasiado a menudo la jugada y sobre el pequeño negocio que algunos hacen con los billetes no premiados, ya hablaremos otro día, que ahora puede traer mala suerte. Ahora, la pregunta es: ¿Aceptaríamos sesenta mil euros por un billete de lotería premiado con cincuenta mil?. Cada cual responda según su necesidad y su conciencia…

[Via Invertia]

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