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¿Se siente usted solo? No desespere, ahora puede alquilar un amigo por unas horas

«Mientras espero a mi amiga Jenny en un café del Greenwich Village, de Nueva York, me pregunto si la reconoceré. Ella tarda, y yo me pongo nerviosa. Lo único que conozco de Jenny Tam es que acaba de cumplir 30 años de edad y que se alquila como amiga en su tiempo libre.Por fin llega: ‘Hola. Soy Jenny. Es un placer’, me dice una mujer sonriente, y me extiende su mano. Una vez que la camarera toma el pedido, nos ponemos a conversar. ‘Me mudé a Nueva York desde Los Ángeles hace un año y pensé que éste podía ser un buen modo de hacer amigos’, me dice. Mientras comemos hablamos sobre nuestros lugares de origen, nuestras familias y nuestros intereses, como se suele hacer cuando uno conoce a alguien, algo que sucede todo el tiempo en Nueva York, una ciudad en la que la gente es muy dada a conversar con desconocidos». Así relata la BBC la experiencia de una mujer que se ha atrevido a utilizar los servicios de una página de internet llamada Rentafriend.com (alquila un amigo).

Superada la incomodidad inicial, las dos lograron charlar con soltura sobre un abanico de temas que van de la astrología a la literatura y la política, y se hizo evidente que tenían mucho en común. Podría ser el principio de una bonita amistad, pero no una amistad convencional. El origen de todo fue Rentafriend.com y se supone que, si vuelven a verse, tendrá que ser a través de ese servicio.

«Hay muchos modos de conocer gente. Las personas se casan con otras que conocieron en la red, así que, ¿por qué no hacer amigos también de esta manera?», explica Jenny a la reportera. «Rentafriend me permite conocer personas que de otro modo no conocería». Jenny aclara que rara vez cobra por los encuentros. En su lugar, cuenta, opta por que quien la alquile financie la actividad social en la que participan, ya sea una partida de bolos, una cena, ir al cine o tomar unas copas.

¿Gente desconectada?
En su experiencia como ‘amiga de alquiler’ Jenny ha visto de todo. Según relata en el reportaje, un hombre, por ejemplo, se acobardó y se bajó del taxi en el que ambos iban a encontrarse con unos amigos de él. «Creo que le resultaba embarazoso tener que explicar cómo nos conocimos», manifiesta. Otra ‘amiga’ que ‘alquiló’ a Jenny se dirigía a Connecticut y quería reunir a un grupo para que viajara con ella para que el chico que le gustaba pensara que era muy popular.

Resulta interesante analizar hasta dónde pueden evolucionar las amistades de alquiler.Esta americana aficionada a este tipo de relaciones asegura que si llegara a conocer a alguien que de verdad le gustara, «pararía el taxímetro». «Definitivamente haría la transición de amiga alquilada a amiga normal, pero aún no he conocido a alguien que me guste lo suficiente», explica. Añade además que, según la opinión generalizada de la sociedad, quizás algunos de los que utilizan este tipo de servicios sean «perdedores» o gente desconectada de la vida social regular, pero «la mayoría de los que he conocido parecen normales». En una ciudad como Nueva York, manifiesta, no siempre es tan fácil como se piensa conocer gente.

Pon precio a tus amigos
El portal Rentafriend.com fue creado por Scott Rosenbaum, a quien se le ocurrió la idea tras conocer sitios similares en Asia que se dedicaban a alquilar personas como acompañantes en eventos familiares o laborales. Al trasladar la idea al continente americano, Rosenbaum decidió darle al sitio un carácter diferente y convertirlo en una red social, apoyándose en la idea de que hay gente muy ocupada que vive lejos de sus lugares de origen y que no tiene mucho tiempo para socializar.

Tras arrancar en Estados Unidos y Canadá, el servicio se ha establecido también en países como China e India. Rosenbaum, según la BBC, estima que hay 285.000 personas que se alquilan y unos 2.600 abonados en todas las ‘sucursales’ del portal de amigos.

Aunque es gratis pertencer a esta peculiar red y ofrecer servicios sociales, todo aquel que quiera alquilar un amigo debe abonar cerca de 18 euros al mes, o bien 96 euros al año, por pertenecer a la comunidad.También hay quien ofrece su amistad gratuitamente, mientras que otras cobran entre 7 y 35 euros por hora (más todos los gastos que haya durante el encuentro).

El creador del portal insiste en que no se trata de un servicio de citas amorosas, pero algunos detractores de la idea se preguntan si no se estarán explotando las inseguridades de aquellas personas que optan por pagar por algo como la amistad. Sin embargo Rosenbaum lo niega y asegura: «estamos ayudando a la gente».

¿La tecnología cambia las amistades?
«Con las nuevas tecnologías hemos expandido la definición de la amistad», sostiene Keith Camp, profesor de Psicología de la Universidad estadounidense de Georgia, que ha estudiado la naturaleza cambiante de las relaciones humanas. «Basta mirar a Facebook donde se suelen tener cientos o miles de amigos, que no lo son realmente, al menos de acuerdo con las definiciones tradicionales de amistad», añade.

Pero, aunque pagar por la amistad podría ofrecer los beneficios de la conveniencia y la eficiencia, algunos se preguntan cuál es el efecto de este tipo de relaciones sobre la autoestima de quien paga. «Poner un precio a la amistad no tiene sentido. La amistad es algo que por su propia naturaleza se va enriqueciendo y haciendo más profundo con el tiempo», afirma el psicoterapista Jonathan Alpert, que no puede imaginar «que uno se sienta bien sabiendo que está pagando la amistad por horas».

En su opinión «hay muchas maneras naturales de conocer gente, por ejemplo en clases de danza, idiomas, cocina, o en la misma iglesia. Lo otro puede ser para personas que valoran el tiempo, la conveniencia y la eficiencia, quizás en sacrificio de relaciones más profundas y genuinas».

En Manhattan, algunos ‘amigos’ se alquilan como asistentes personales para acometer tareas como recoger la ropa de la lavandería o pasar a los perros. Otros, simplemente para escuchar o permitir que quienes les ‘alquilan’ se desahoguen de sus problemas. Eso sí, es un arma de doble filo que puede llegar a resultar cargante. Por eso, Jenny Tam tiene sus propias reglas: «Si comienzo a sentir que es un peso la compañía de alguien entonces sí cobraría bien. Pero todavía no me encontrado en una situación de esas», explica.

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