May
27
Los buscavidas toman las playas de BCN aprovechando el escaso control
Con temperaturas máximas de 25 grados, sin una sola nube y con un puente por delante para tostarse intensivamente al sol, Barceloneses y turistas se adueñaron ayer de las playas de Barcelona. Y con ellos, un reguero de personas de múltiples nacionalidades dispuestas a ganarse la vida con la aglomeración de relajados bañistas. Una tarea que en lo que va de mes días resulta fácil, dado que el buen tiempo se ha avanzado al rígido calendario municipal y las playas están efervescentes de actividad mientras que el ayuntamiento aún no ha abierto oficialmente la temporada alta de baños. Ello implica que aún no se han reforzado la vigilancia y control del espacio público, y que los servicios todavía funcinan a medio gas.
Curiosamente, el consistorio sí ha activado una campaña cívica para evitar que los más temerarios no sigan las indicaciones de seguridad, para que nadie duerma en las playas y para que usen bien las duchas, co amenaza de multas. Sin embargo, todavía no se han puesto los medios para mejorar el buen funcionamiento de las playas. Ayer, las colas para utilizar los váteres públicos disponibles eran monumentales. También llamaba la atención el mal mantenimiento de muchas tumbonas (gestionadas en concesión y cuya utilización cuesta cinco euros) y, sobre todo, la enorme cantidad de buscavidas que trataban de hacer negocio en algunas de las playas.
Este colectivo, que en la playa encuentra una profesión cada verano, solo brillaba por su ausencia en el perímetro de la comisaría de la Guardia Urbana a pie de arena, en la Barceloneta. En Sant Sebastià los lateros hacían el agosto, al igual que a partir de Nova Icària, donde sin ningún disimulo numerosos vendedores lucían neveras portátiles para garantizar el frescor que exigían los compradores. Y con ellos, una variada tipología de comerciantes: desde vendedores de pareos de diversas nacionalidades hasta los que ofertaban bisutería de todo tipo, gafas, masajes y tatuajes de quita y pon.
Al margen de urbanos uniformados, también había algunos vestidos de paisanos que actuaron especialmente contra los lateros. No obstante, la tropa de vendedores desbordaba el operativo. En algunos chiringuitos expresaron su malestar por la competencia desleal que supone esta actividad, aunque en la práctica tanto sus negocios como los restaurantes de todo el litoral estaban a reventar de clientes a mediodía, muy lejos de cualquier imagen de crisis.
‘BOOM’ DE ESCULTORES DE ARENA / Uno de los fenómenos de la temporada son los artistas de estatuas de arena, que algunos días toman el tramo de Sant Sebastià y la Barceloneta por completo. Esta actividad, según confirmó un agente de la Guardia Urbana, no está perseguida, al contrario que la venta ambulante, porque se recoge la voluntad. Por ese motivo, cada escultor se instala todo el día a dar rienda suelta a la imaginación.
Carlos es una de las personas que en invierno trabajan «en lo que se puede» y que en verano, desde el año pasado, se instala en Sant Sebastià. Un buen día, tras 12 horas cocido al sol, se puede llevar hasta 30 horas a cambio de modelar a diario figuras que inventa o inspiradas en algún personaje de cómic. «Cada día las derriban al limpiar y las volvemos a levantar», cuenta. Stefano, a pocos metros, es otro de los que se ha sumado a esta fórmula de vida, tras aprender el año pasado. Ayer montaba una fuente bajo una pirámide de arena. Su efímera creación le vale entre 6 y 15 euros al día. Ellos son una quincena. Los vendedores de latas se contaban a decenas.
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