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¿Quién me mandaría hipotecarme en yenes?

Entre 2004 y 2006, cuando la burbuja inmobiliaria española lucía en todo su esplendor, se puso de moda contratar sofisticadas hipotecas, formalizadas en yenes, para comprar casas a precio low cost. Cuatro años más tarde, en medio de una crisis mundial sin precedentes, parece evidente que los seguidores de esta moda lo están pagando caro.

La fórmula mágica que permitía a los prestatarios reducir los intereses de su hipoteca se ha desvanecido ante la vertiginosa apreciación de la divisa nipona frente al euro.

En los últimos días, la moneda japonesa ha alcanzando niveles de 109,5 euros, cota que marca un máximo no visto en casi una década. Desde 2008, el yen se ha revalorizado más de un 50%, encareciendo en este mismo porcentaje la letra mensual del préstamo hipotecario.

Aunque algunas hipotecas multidivisa permiten cambiar de moneda periódicamente, asumiendo las comisiones de corretaje, quienes optaron por constituir su hipoteca exclusivamente en yenes no tienen más alternativa que esperar a que el euro gane terreno y la divisa japonesa los pierda.

Sin embargo, las expectativas sobre su comportamiento son difusas, algo que genera inquietud, tanto en quienes se hipotecaron en yenes como en las autoridades del país asiático. Una moneda muy fuerte pesa negativamente en las exportaciones, de ahí que el Gobierno de Japón haya manifestado que vigilará atentamente su evolución y para controlar su impacto en la economía.

Por su parte, José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi, espera que el yen se mantenga presionado. «Los niveles actuales son difíciles de mantener. Nuestra previsión es que se sitúe en niveles 87-88 yenes por dólar, en 6-12 meses, frente a los 84 a los que cotiza actualmente», indica.

«El Banco de Japón tendrá que tomar nuevas medidas expansivas, como ampliar la compra de deuda. También, es evidente, debemos pasar de una situación de elevada aversión al riesgo a una recuperación paulatina de la confianza de los inversores», añade.

Hace cuatro años, cuando el sector inmobiliario estaba en su máximo apogeo y los precios de los inmuebles por las nubes, un buen número de bancos y cajas, entre los que destacan Barclays y Bankinter, comenzó a comercializar estos productos.

«Se convirtió en una alternativa para clientes que no podían permitirse afrontar una hipoteca convencional, pero no se calibraron bien los riesgos», explica un banquero. Sin embargo, salvo excepciones, las entidades no comercializaron activamente este producto por el riesgo que conlleva.

«En teoría, estos préstamos son apropiados sólo para clientes con conocimientos financieros, que sigan tanto el mercado de divisas como la evolución de los tipos de interés. Sin embargo, muchas familias de perfil medio y medio-bajo solicitaron estos productos motu proprio sin entender su funcionamiento y sus riesgos», apunta.

Los expertos subrayan que estos productos, con sus ventajas e inconvenientes, no son buenos ni malos, sino destinados a un cliente muy concreto.

Las hipotecas en yenes, referenciadas a los bajos tipos de interés de Japón, se han convertido en una trampa para los prestatarios por el cambio de la divisa.

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